lunes, 27 de septiembre de 2010

La huelga del hámster

Mientras se acerca el 29-S, os voy a contar una historia de cuando niño.

Mi hámster no conoció el hambre ni el frío, y jamás temió por su vida, que fue particularmente larga. Murió en una jaula relativamente mayor que aquella donde nació, disfrutando de épocas de limpieza y dedicación, alternadas con etapas de ponzoña y dejadez.

Programado en su instinto, el hámster sólo pensaba en correr y huir hacia un lugar mejor, fuera de esa prisión en la que apenas cabía su libertad. Durante los primeros días, no sólo mordisqueaba obsesivamente los barrotes, sino que mostraba un comportamiento anormal. Fugas esporádicas, carreras frenéticas por la jaula, impactos brutales con los objetos que la poblaban, y en general, una actitud agresiva de tipo resplandor.

Aun sintiéndome carcelero, no podía contemplar la opción de soltarle en campo abierto, salvo que la considerase como una forma de eutanasia pasiva. Antes que llegar a ese extremo, el infante decidió hacer caso de la sabiduría popular, y comprarle una rueda al hámster.

Desde ese día, el hámster se montaba periódicamente en su rueda, y corría furioso hasta caer extenuado y regresar a su caseta. Intentaba alcanzar a sus cien pájaros volando, aun cuando en realidad sólo pataleaba sobre un artilugio pensado precisamente para mantenerle inmóvil. Desaparecida la agresividad y minimizada la tendencia fugitiva, el hámster tuvo una vida larga y plana, siendo enterrado en un contenedor de basura enfrente de casa.

Él nunca llegó a entender que esa rueda era un elemento fundamental para mantenerle en su jaula. Tampoco llegaría a asumir la horrible muerte que, fuera de su jaula, yo le pronosticaba.

Este es un cuento sin moraleja existencial. Nunca llegaremos a saber qué habría pasado si el hámster hubiera renunciado a su rueda y mantenido su espíritu fugitivo; ni qué habría sucedido si hubiese llegado a consumar la gran evasión. Lo único realmente cierto es que vivió y murió en aquella jaula, a veces limpia, a veces sucia.


Humanos, en su rueda.




Más humanos. Rueda de modelo clásico.