martes, 28 de julio de 2009

El misterio del cagódromo

El verano es lo que tiene, que blabla bla blablabla bla. Mientras, bla blabla bla, cuando blablabla blabla. En ese momento, blabla bla blablabla blabla. Vi la muerte de cerca, aunque por suerte blabla bla blablabla. Bla.

Pero hoy no he venido aquí a hablar de mis aventuras estivales. Hoy he venido para comentar la siguiente noticia: "Rescatada una australiana atrapada durante una semana en su propio inodoro".

"Al parecer, sufrió un resbalón y quedó atrapada con sus pies a ambos lados del inodoro y su cuerpo encajado con la puerta abierta."


No hay fotos, ni siquiera un croquis. Sin ellos, no creo que pueda hacerme una idea.

"Tuvieron que pasar varios días hasta que un vecino salió al jardín para tender la ropa, escuchó sus gritos de socorro y avisó a la Policía".


Varios días. Ha dicho varios días. El retrete retuvo a esa pobre mujer, contra su voluntad, durante varios días. Tanto tiempo pasó, que trabó amistad con Lucilda, la escobilla del váter.

"Cuando fue rescatada, la mujer fue trasladada de inmediato al hospital, pues presentaba síntomas de deshidratación".


El rescate debió ser una momento épico. Me imagino al policía encontrándose a la señora, como los corsarios se encontraron a Robinson Crusoe, barbas incluidas. Pero me tiene desconcertado lo de la deshidratación.

Deshidratación, falta de agua, en un váter. Hay que joderse, como si se hubiera perdido en el Sáhara. En el cagódromo, hay tres necesidades fisiológicas de las que no tienes que preocuparte. La primera ya la sabéis, y las otras dos os las imagináis.

(Aclaración para Lucía: Las otras dos son cagar y mear, cojones.)

De pequeñito, mis padres me enseñaron a no beber agua del retrete, y yo, continuando la tradición, transmití los conocimientos a mi perro. Pero joder, supongo que se puede hacer una excepción. Tanto mis padres como mi perro lo comprenderían.

Lo cual me lleva al siguiente punto. ¿El váter estaba atascado? Porque si no funciona la cisterna, la situación se complica. Habría que saber si la mujer quedó retenida antes o después de utilizarlo.

Realmente terrorífico, esto último. Varios días ahí, sin agua, y con un hedor horrible, propio de los trajines intestinales de la gente mayor. Curioso, pero contra más viejos, más apestosos.

He aquí la reflexión de hoy, el misterio del cagódromo. La historia de una vieja sedienta atrapada en un váter, y la cruel relación entre olor y senectud. Buen verano.