El idioma es reflejo de una sociedad machista [...] ¿Hay que respetarlo o imponer su transformación?Vamos a ver. La ministra dijo miembra, sí. Y no, no fue para abrir un debate sobre una posible reforma idiomática. Dijo miembra porque la cagó, porque patinó. Y firmaría con su sangre por poder rebobinar y limitarse a leer lo que tiene en el puto papel. Una vez que ya todos han empezado a escojonarse, no es buena idea seguir la doctrina de la SGAE y mantener hasta la muerte que estás en el lado correcto, y el resto del mundo en el equivocado.
Y mientras los asesores ministeriales orquestan una campaña mediática para tapar la vergüenza de Bibi, un empresario-corsario rechaza el currículum de una señorita por ser altamente preñable. Y que no me vengan con que ya se están ocupando de esto último. Están haciendo el paripé, tarde, mal y a rastras. Ojalá fuesen igual de eficaces que con las multas de tráfico, o la lucha contra el fraude fiscal.
Dejémonos de hipocresía, esta es la situación que conviene. Corro menos riesgos con un hormigo que con una hormiga, así que pagaré menos por la hormiga. Es lo lógico, acorde con las reglas de mercado que tan palotes nos ponen cuando nos vamos de vacaciones, a pagar en cómodos plazos. Y el gobierno de turno hace poco, porque si se resiente nuestro amado crecimiento económico, le mandamos a tomar por culo. De nuevo, no gobiernan mejor de lo que nos merecemos.
Decía un amigo jurista (que no juristo) que ZP sí que iba en serio, que iba a poner la baja paternal y atacar el problema de raíz. Nunca pensé que se podía tardar tanto en poner en marcha una medida ya pensada y madurada, y que no tiene mayor complejidad técnica. Pero vamos, que si algo nos ha demostrado Escandinavia, es que esto sólo se puede controlar a golpe de inspecciones. Y no tres inspectores sometidos al capricho de cada comunidad autónoma. Se necesita una plantilla como Dios manda, proporcional al mercado de trabajo y no meramente testimonial, como sucede ahora. Necesitamos que al empresario no le merezca la pena arriesgarse a hacer cosas como la relatada en este blog. Y para ello, tienen que saber que es muy probable que les descubran, y que las sanciones harán poco rentable la inversión en discriminación laboral.
¿Que tienes más ministras que ministros? Cojonudo, ¿a quién tienes en Economía? ¿Y en Interior? ¿Y en Justicia? ¿Y en Exteriores? Como curiosidad, con esto y poco más se puede gobernar un país, y salvo dos excepciones, el resto de titulares han sido hombres SIEMPRE (desde Alfonso XII, para ser concretos). Y respecto a las excepciones, la primera se da en el Ministerio de Exteriores, con Ana Palacio (atentos qué fichaje, ya haré un post sobre las mujeres del PP, que no tienen desperdicio); y la segunda se ha producido recientemente en Defensa, donde han metido a Carme Chacón (a quien por cierto aprecio) en el único ministerio que no quería. Vamos, que las excepciones han sido para hacer el gesto (que yo ya percibo como un dedo corazón extendido).
Mientras tanto, al igual que sucede con el ecologismo, demasiada buena intención deriva en una estúpida actuación. Las causas justas comienzan con un gran capital moral. Más tarde, el fin pervierte los medios, y el consecuente desgaste moral hace que la causa parezca menos justa. Ya se ha demostrado que la mejor forma de conseguir una igualdad en el estatus social es empezando por una igualdad en el estatus económico. Pues atacad por ahí, y dejad de hacer el canelo con gestos y guiños. Quizás, si no les riésemos la mímica, dejaban de hacerla. Pero me callo, que todos aplauden la crítica al político, pero no hacen lo propio con la autocrítica.



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