Se habla de un delito de blasfemia que no sólo incluye la falta de respeto al amigo invisible (en cualquiera de sus versiones) sino también la mera negación de la existencia de Dios. Quien dice negar, dice poner en duda. De ahí a penar el ateísmo militante hay un paso.
Es tan torpe y medieval que no puedo dar crédito. De ser cierto, incluso la Unión Europea podría tomar cartas en el asunto. No olvidemos que existen una serie de derechos básicos indispensables para cualquier Estado miembro. Y aquí ya jugamos con la libertad de expresión y la libertad religiosa.
Así que me pongo a investigar. Y lo primero que me encuentro es que la nueva ley castiga el uso de "términos abusivos o insultos sobre asuntos considerados sagrados por cualquier religión y que causen ultraje a un número sustancial de seguidores de esa fe", según dice El Periódico.
Pues sí, una animalada más de creyentes llorones. Pero no se habla de negación. Si sólo es esto, la vida inteligente en Irlanda seguirá siendo posible. Ya antes tenían una norma parecida, y en la práctica no se había creado ningún Tribunal del Santo Oficio. ¿Que tú no podrías aguantar semejante legislación opresiva? Pues sí, sí que podrías.
Art. 525.1
Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican. (Código Penal de España)
Que esto no sirva para excusar al legislador irlandés. Sólo recordar que la revolución empieza en casa, o aquello de la paja en el ojo ajeno, éticamente reprochable si no hay consentimiento.
Por cierto, yo soy ateo, así que no me molesta que alguien se cague en Dios con pepitas de sandía. Lo que me jode a más no poder es que se metan con mi equipo de fútbol. Con el equipo de mis padres y mis abuelos. De mis ancestros, vaya.
O follamos todos, o la puta al río. Quiero ahora mismo un delito que pene a semejantes delincuentes.
¡Jijiji! ¡He dicho pene!





